Así empezaba una canción del rumbero Gato Perez. Y que razón tenía el hombre, aunque él hablaba de los músicos, está claro que se puede aplicar también a los peregrinos.
Las escenas en los albergues son dantescas. La gente no cojea, se arrastra por los pasillos, pero será eso de que "sarna con gusto no pica" porque al día siguiente se vuelven a poner las botas, a colgar la mochila y de nuevo a tragarse otros 20 o 30 kms. como si nada.
No se que tendrá el Camino que les engancha.
A mi, de momento, no. Me gusta la experiencia de caminar junto a un amigo a primeras horas de la mañana, o por la tarde. De comer cada día en un sitio, de dormir cada día en una cama distinta (aunque todas chirrían igual cuando te mueves). Pero de momento no me ha entrado la fiebre de querer hacerlo a toda costa.
Hoy tenemos día de descanso. Obligatorio porque el menisco izquierdo de Agus ha dicho "hasta aquí". Hemos tenido que ir al ambulatorio y le han inyectado Nolotil y le han recetado antiinflamatorios.
"¿Podremos seguir caminando mañana?"- le ha preguntado a la médica en la consulta.
"Pues salvo que seáis de Bilbao, lo veo difícil" - le ha faltado decir a la doctora. O sea, que nos ha dicho que como que no, mayormente, que decía Fiti.
Y la pena es que Agus, en realidad, es de Salamanca así que mal lo veo para continuar andando mañana. A ver como le va con las pastillas y con la inyección. Si no arranca, igual le ponemos otra inyección: la última (jajajajajaja, risa de película de terror...).
Ahora que estaba ya todo lanzado, que había conseguido olvidarme hasta de mi querida ampolla, y se nos tuerce el tema. Bueno, por lo menos nos ha pillado en León capital. Podremos hacer algo de turismo urbano.
Curiosidad: nunca te das cuenta del ruido que puede hacer una cremallera o una bolsa de plástico hasta que alguien en tu misma habitación se empeña en abrirlas o cerrarlas, plegarlas o extenderlas, mientras tu tratas de dormir.
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