Después del disgusto de tener que separarme de mi ampolla, he decido darme un pequeño regalo. Me he fijado en un cartel que han puesto en la recepción del albergue que dice: "Masajes especiales para peregrinos".
Caramba, he pensado, ¿será como "El gato negro" pero con una concha en la entrada en vez de una luz roja? En vez del misionero ¿te harán la postura del "peregrino"? Un poco escamado sigo leyendo y me tranquilizo. Vaya, si son masajes de verdad, de los de toda la vida: piernas, pies, hombros, espalda, etc. 15 € por media hora. Eso me acaba de convencer de que son de los legales porque por ese precio una profesional de las "otras" como mucho te echa el humo en la cara cuando la estas invitando a una copa (vamos, es lo que me han dicho, eh? que yo he estado en un sitio de esos tantas veces como al Papa en el programa de Ana Rosa Quintana.
Total que me decido y me acerco con Agus hasta el "local". Una clínica limpia y pulcra como pocas. Pregunto por el masaje y me dice que es necesario coger cita.
"Ok, pues dame una".
"Para cuando quieres?" - me pregunta la recepcionista.
"¿Para ahora?" - contesto yo, salao como siempre.
"Hoooooombre, pues va a ser que ahora no se puede. Si quieres te apunto para las cinco."
"Mientras no me hagas la rima, por mi perfecto."
Pues a las cinco menos diez, por si acaso la rima..., llego al centro, me recibe una chica encantadora con una sonrisa de oreja a oreja (a punto estoy de soltarle mi frase favorita de los sábados por la noche: "Tu no eres de aqui, verdad?" - pero me contengo, lo mismo las de Leon son majas y sonrientes), me pasa a una sala preciosa, me dice que me desnude y que me tumbe boca arriba en la camilla. En realidad me dice que me quede con la ropa interior pero ya sabéis lo selectiva que es la mente de un hombre para estas cosas que solo escucha lo que quiere.
Cuando ya estoy en posición, pone música suave, enciende un par de velas y empieza el baile, digo el masaje. Caramba que manos tenía la chica. Me dejó como nuevo con sus estiramientos, amasamientos y demás tratamientos. Entre en la clínica como si me hubieran dado una paliza. Salí como si me hubieran dado dos, pero más contento !!!!!
Vuelvo arrastrándome al albergue y aprovecho un banco al sol para llamar a una amiga con la que hace siglos que no hablaba y veo como poco a poco el sol se va poniendo y el frío empieza a echarse encima. Es hora de recogerse, de sentarse al calor de una buena conversación, ... o de una buena escritura.
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